Planta carnívora

Vivir en una planta carnívora

La araña cangrejo Thomisus nepenthiphilus se ha especializado en robar presas de la planta carnívora Nepenthes gracilis.

La araña cangrejo Thomisus nepenthiphilus se ha especializado en robar presas de la planta carnívora Nepenthes gracilis. Crédito: Lam Weng Ngai.

Hay quien prefiere vivir en una piña debajo del mar. Otros tienen su hogar en una huella de elefante. Mientras que algunos eligen una planta carnívora para vivir. En este tercer artículo sobre plantas del género Nepenthes, vamos a conocer la fauna que desafía a sus jugos digestivos. Pequeños animales que han encontrado un hogar en las jarras de las plantas odre.

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De planta carnívora a WC

Una rata Rattus baluensis visitando haciendo uso de una jarra de Nepenthes rajah. Crédito: Ch'ien Lee

Una rata Rattus baluensis visitando haciendo uso de una jarra de Nepenthes rajah. Crédito: Ch’ien Lee

Si las plantas carnívoras que comen musarañas os parecieron asombrosas, atentos porque ahora llegan las plantas carnívoras que se alimentan de excrementos. En los bosques montañosos de Borneo vive la musaraña arborícola o tupaya, Tupaia montana. Estos pequeños mamíferos comparten hábitat con varias especies de plantas carnívoras del género Nepenthes, con las que han desarrollado un sorprendente mutualismo. Las tupayas se alimentan principalmente de artrópodos, pero de vez en cuando tienen que completar su dieta con alimentos más nutritivos. Para ello, les vale un poco de néctar de planta carnívora a cambio de ir al baño.

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¿Puede una planta carnívora comerse una rata?

Lagartija atrapada en una jarra de Nepenthes rajah. Crédito: Rbrtjong.

Lagartija atrapada en una jarra de Nepenthes rajah. Crédito: Rbrtjong.

Podríamos definir a las plantas carnívoras como una de las genialidades de la evolución. Plantas que, debido a la falta de nutrientes en su entorno, optan por cazar ingenuos insectos. Esta adaptación ha cautivado nuestra imaginación, siendo el punto de partida de múltiples criaturas. Plantas capaces de devorar a personas, bajo la premisa de que si son lo suficientemente grande podrían comerse hasta un elefante. Por suerte, la biología no permite la aparición de semejantes monstruos, pero sí nos ha regalado un mundo fascinante al que merece la pena asomarse.

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