Microorganismos, algas y toxinas

En un anterior artículo contábamos cómo el exceso de nitrógeno y fósforo pueden convertirse en contaminantes que colapsan los ecosistemas. En este artículo veremos cómo afectan a los microorganismos fotosintéticos acuáticos y a las algas; y sus efectos sobre la sociedad y el medioambiente.

Nuestra primera parada serán las costas de Florida bañadas por las aguas del Golfo de México. Un fenómeno común (suceden todos los años) en esta región son las mareas rojas formadas por dinoflagelados como Karenia brevis, cuya población crece tanto que le da al agua un tono rojizo. Sin embargo, el uso de fertilizantes (para agricultura y césped) y el desarrollo de las ciudades (que vierten aguas residuales y contaminadas con detergentes) están poniendo a disposición de estas microalgas un gran bufet. Y una multitud de estas pequeñas puede suponer un grave problema.

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Cinco cuentos más… de biología (VIII)

Patrón fluorescente en el camaleón Calumma globifer de Madagascar. Crédito de la foto: David Prötzel (ZSM / LMU).

Patrón fluorescente en el camaleón Calumma globifer de Madagascar. Crédito de la foto: David Prötzel (ZSM / LMU).

Cuento 1

Muchas especies de camaleones presentan crestas y protuberancias en la cabeza que emiten fluorescencia azul cuando se iluminan con luz ultravioleta. La forma de estas crestas aporta información taxonómica, además de ser un carácter de dimorfismo sexual. Esta fluorescencia podría servir para reconocerse entre camaleones.

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El lago Dianchi eutrofitzado (China).

Nitrógeno y fósforo: de nutriente a contaminante

El nitrógeno y el fósforo son unos de esos elementos esenciales para la vida. Forman una parte importante de nuestra bioquímica, con ellos se crean las proteínas y el ADN. Dicho así, podría resultar imposible pensar en ellos como contaminantes. Sin embargo, es esa capacidad de ser esencial el origen del problema. Como si de una economía insuflada con demasiado dinero se tratase, los ecosistemas se vuelven locos cuando estos nutrientes abundan por encima de lo normal.

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Cinco cuentos más… de biología (VII)

Tiburón cabeza de pala (Sphyrna tiburo).

Tiburón cabeza de pala (Sphyrna tiburo). Foto: Tony Hisgett.

Cuento 1

El tiburón cabeza de pala (Sphyrna tiburo) no le hace asco a las ensaladas de algas. Los investigadores han descubierto que ingiere grandes cantidades de algas marinas y que su sistema digestivo es capaz de procesarlas y extraer nutrientes. En concreto cuenta con una enzima β-glucosidasa que degrada la celulosa.

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Mirmecomorfía, disfrazados de hormigas

El mimetismo, esa capacidad que tienen algunos organismos de asemejarse a otros, es un fascinante catálogo de cuanto puede rizar el rizo la evolución. La capacidad de las orquídeas para engañar a las abejas, los sorprendentes insectos hojas o el increíble pulpo que imita a sus vecinos venenosos, son algunos ejemplos. Bien se podría hacer una serie documental con ellos y tendríamos el éxito asegurado.

Hace ya unos años (allá por el 2008), estuve en Ecuador y pude observar de cerca uno de los mimetismos que más me han sorprendido. Hicimos un muestreo de los artrópodos de la bóveda arbórea. La técnica es sencilla: se dispone una tela blanca alrededor de un árbol y se fumiga la copa para que los animales caigan en la tela. Una vez recogidas todas las muestras, los llevamos al campamento y comenzamos a clasificarlos. Avispas aquí, escarabajos allá, una araña en esta bandeja, las hormigas por acá… Entonces uno de los entomólogos que nos acompañaban nos dijo “Fíjate bien, eso no es una hormiga, es una araña”. En efecto, de un vistazo rápido parecía una hormiga negra y pequeña. Pero de cerca resulta que le podíamos contar ocho patas, no seis como todos los insectos. Diagnóstico: era un arácnido.

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Popillia japonica es un escarabajo de apenas 15 milímetros que se ha convertido en un gran problema en EEUU.

Popillia japonica, historia de una invasión

La historia que hoy os traigo es larga. Y es que nuestro protagonista lleva más de un siglo siendo un problema. El objetivo de este artículo es mostrar cómo la introducción de una especie invasora puede ser un verdadero callejón sin salida. Para luchar contra ella nos podemos ver abocados (o equivocarnos de manera estrepitosa) a tomar decisiones que no son 100 % óptimas.

El escarabajo japonés (Popillia japonica) es un insecto de apenas 15 milímetros, que supone un verdadero quebradero de cabeza para EEUU. La historia de este coleóptero comienza en Japón, dónde es nativo. Allí vive sin molestar mucho. Sus larvas pasan dos años en el suelo alimentándose de raíces. Cuando es adulto gusta de comer hojas, pero sólo la parte que está entre los nervios. Puede ser el terror de algunas plantas, pero debido al clima y a los depredadores su población está controlada y no da tanto miedo.

En el año 1916 se descubrieron los primeros ejemplares de la especie en Nueva Jersey. Al principio fue algo anecdótico, pero lo cierto es que la especie ya se había lanzado a la invasión del continente. Los primeros escarabajos debieron llegar al país antes de 1912, fecha en la que se restringe la entrada de productos al país. Se cree que su salvoconducto fueron unos bulbos de iris japoneses.

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