Luciérnagas, cortejos y trampas

Luciérnagas en un bosque de bambú.
Luciérnagas en un bosque de bambú. 📷: Kazhidegu

El cuerpo del pequeño emperador y el de su abuela se hundieron en el mar. Los fieles soldados, que habían fallado en la misión de protegerlos, también se arrojaron al agua. No querían sufrir la humillación de ser capturados por el enemigo. En el aire, las flechas volaban, los barcos crujían 🌊 Era el 25 de abril de 1185, el día que la flota del clan Minamoto venció a la del clan Taira en la batalla de Dan-no-ura, frente a las costas de Japón. Cuenta la leyenda que, desde entonces, cada año los espíritus de los guerreros muertos se encarnan en luciérnagas ✨ para continuar su lucha. Dos bandos, Genji-hotaru y Heike-hotaru, enfrentados en la eternidad ⚔️👻

Los luciérnagas parecen seres de otros mundo, conectados con el mundo de los espíritus. Allí donde sus luces iluminan la noche, los humanos hemos imaginado mitos e historias. No es para menos, ya que su bioluminiscencia es una de las cosas más maravillosas que ha forjado la evolución. Sin embargo, poco tiene ver con fantasmas, demonios 👹 o dioses sino con algo más antiguo: la importancia, para cualquier organismo, de reproducirse y continuar su linaje. Efectivamente, el baile de luces de las luciérnagas se corresponde con un cortejo nocturno ❤️

En la oscuridad de la noche, a pesar del riesgo de atraer a un depredador, cada especie de luciérnaga usa un código de luz concreto para encontrar pareja. Pulsos fijados por la selección sexual con el fin de garantizar el éxito de la especie. Pero en algunas regiones de Norteamérica dichas llamadas esconden un mortal destino 🤨 Las hembras de ciertas especies son capaces de imitar las señales de otras especies, para atraer a los machos con una intención distinta. Son carnívoras y para llenar su tripa atraparán a cualquier ingenuo insecto que acuda a la llamada de amor plagiada 😮

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Referencias:

La vida a prueba. David Attenborough.

Casting a little light on fireflies.

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