Islas creadas por la presa Balbina. Crédito de la fotografía: Eduardo M. Venticinque.

Frenar el Amazonas

Es el más largo, el más caudaloso, el que tiene la mayor cuenca hidrográfica del mundo. El río Amazonas cuenta con 6.800 km de longitud, descarga en el Atlántico 230.000 m³/s de agua (300.000 m³/s en épocas de lluvias) y toda su cuenca abarca 7,05 millones de km². La pluviselva que rodea a los ríos de esta cuenca es un terreno hostil para el desprevenido senderista, pero un enorme punto caliente de biodiversidad. Aquí podemos encontrar uno de los ecosistemas más fascinantes: los bosques de inundación. Estas formaciones boscosas conforman el 3 % de la selva amazónica. Todos los años, de noviembre a mayo, las lluvias ensanchan los ríos. Y no un poquito: el nivel del agua puede subir 10 m y la orilla puede penetrar hasta 20 km selva adentro. Sin embargo, este impresionante mundo verde se encuentra amenazado por un recurso energético que pretende ser verde: la energía hidroeléctrica.

La clave de la biodiversidad de estas selvas podría estar en el cambio constante. Los caprichos del agua modifican el ambiente creando heterogeneidad en forma de distintos suelos, condiciones climáticas o tipos de ríos. Por ejemplo, el naturalista Alfred Wallace clasificó los ríos amazónicos en tres tipos: de agua blanca, de agua clara (o azul) y de agua negra. La gran cantidad de limos de los Andes es la causa del color blanquecino del río Amazonas o del Madeira. Sus pH son neutros o básicos y transportan muchos nutrientes. Sin embargo, las aguas claras del Tapajós y el Xingú se deben a la escasa erosión. Sus pH son ligeramente ácidos. Finalmente, ríos como el Negro deben su tonalidad a los compuestos lixiviados de las plantas y presentan pH ácidos y pocos nutrientes. Estas características van a determinar las especies que pueden habitarlos.

Las inundaciones durante las épocas de lluvias pueden impulsar la especiación. Por ejemplo, podemos encontrar palmeras como Astrocaryum jauari que soportan vivir bajo el agua, mientras que una hermana suya, A. aculeatum, no crece en los terrenos inundados. La tremenda subida del nivel del agua también obliga a los animales a especializarse. Por ejemplo, los artrópodos se ven obligados a migrar a las copas de los árboles. Esto hace que la concentración de patas y antenas aumente en la bóveda arbórea. Los que viven allí y los que llegan se enfrenta a la presión de la competencia y la depredación, lo que lleva a una mayor diversidad de estrategias.

Ilustración del año 1856 del cráneo del pacú panza roja (Piaractus brachypomus)

Ilustración del año 1856 del cráneo del pacú panza roja (Piaractus brachypomus)

Al ser un mundo tan influenciado por el agua, podemos encontrar una gran diversidad de peces. Sólo en el río Negro, hay unas 600 especies de este grupo, más que en toda América del Norte. La gran diversidad de nichos ha permitido la aparición de sorprendentes adaptaciones. El pacú es un pez carácido que ha desarrollado una dentadura tan potente que pueden cascar las nueces. Algunos tipos de peces gato se han especializado en comer frutos y se piensa que su papel como dispersores de semillas es más importante que el de otros vertebrados. Mientras, los carácidos voladores han preferido comer los artrópodos atrapados en las copas de los árboles. Saltan del agua y los atrapan desprevenidos (¡¿qué narices hace un pez aquí?!). En el fondo, especies como las del género Semaprochilodus degustan detritos de árboles: cortezas, ramas y hojas. En la época de lluvias se pasean entre los troncos y las raíces, comiendo y acumulando grasa para el resto del año.

Por todo ello, no es raro ver noticias del tipo: se ha encontrado una nueva especie de rana, insecto o cualquier cosa pequeña en el Amazonas. Sin embargo, a veces se descubren animales más grandes. En el año 2014 se anunció el descubrimiento de una nueva especie de delfín de río en Araguaia. Si bien el hábitat de este cetáceo (Inia araguaiaensis) se encuentra más al sur de la cuenca del Amazonas, se enfrenta al mismo problema que muchos ríos brasileños: las presas hidroeléctricas.

Presentadas como una fuente de energía verde, la construcción de presas hidroeléctricas ha sido un objetivo para muchos países que buscaban el desarrollo de su economía y sociedad. Sin embargo, aunque se trata de una energía que no contamina, ha resultado ser poco amable con el medio ambiente. Por ejemplo, en el río Uatumã se construyó la presa Balbina, que generó uno de los embalses hidroeléctricos más grande del mundo. La inundación cuarteó la selva que quedó convertida en un archipiélago artificial de 3.546 islas. Un estudio publicado en julio de 2015 en PLOS ONE advertía de la pérdida de diversidad (mamíferos, aves y tortugas) que se producía al dividir la selva. Los ecosistemas de las islas más pequeñas sucumbieron a la exposición del viento y a los incendios generados durante las sequías. Mientras, aquellas especies que se quedaron atrapadas en las islas más grandes se enfrentarán a un incierto futuro. Sin ninguna conexión con otras poblaciones, la baja variabilidad genética puede acabar con ellas.

Islas creadas por la presa Balbina. Crédito de la fotografía: Eduardo M. Venticinque.

Islas creadas por la presa Balbina. Crédito de la fotografía: Eduardo M. Venticinque.

A los efectos del estancamiento del agua, tenemos que sumarles el efecto muralla que suponen estas construcciones para algunas especies. El dourado (Brachyplatystoma rousseauxii) es un pez que puede crecer hasta los dos metros de largo. Para desovar, recorre más de 3.000 km desde la desembocadura del Amazonas hasta el río Mamoré en Bolivia, donde supone un recurso para la población local. Sin embargo, tanto en Bolivia como en Perú esta especie se encuentra en extinción. Los investigadores creen que la causa es la construcción de dos presas en el río Madeira, en territorio brasileño. Estas construcciones se hicieron teniendo en cuenta las migraciones de peces. En la presa inferior se instaló un canal que facilitaba su paso, mientras que en la presa superior los peces son capturados y llevados por camiones río arriba. Pero parece que estas soluciones no les convencen y sencillamente ya no aparecen por allí. Se especula con que las presas hayan variado la química del río o sus corrientes.

Actualmente, en la cuenca del Amazonas encontramos 140 presas en funcionamiento o en construcción. En el futuro, se le unirán otras 428. Un estudio publicado en Nature, en junio de 2017, analizó el impacto de todas estas barreras en su conjunto. Las aguas fluviales amazónicas transportan hacia el océano entre 800 y 1.200 millones de toneladas de sedimento al año. Esta mezcla de arena, arcillas y nutrientes se esparce por 1,3 millones de km² de océano, nutriendo a los arrecifes de coral y manglares que se encuentran en el estuario. La pérdida de hasta el 60 % de estos sedimentos también será otra de las consecuencias de frenar las aguas del Amazonas.

Presa hidroeléctrica de Itaipú. Crédito de la fotografía: Asociación Internacional de Hidroelectricidad (IHA).

Presa hidroeléctrica de Itaipú. Crédito de la fotografía: Asociación Internacional de Hidroelectricidad (IHA).

La diversidad de la cuenca del Amazonas y sus bosques inundados también son importantes para los pueblos que viven en la región. Durante miles de años, las tribus locales han forjado importantes lazos con la selva, el agua y sus especies. Por ejemplo, la tribu Enawenê-nawê practica en época de lluvias el Yaokwa. Durante este ritual se construyen presas de madera para capturar peces, que serán ahumados en campamentos temporales. Preparado el pescado, vuelven a la aldea donde se darán ofrendas (peces, verduras y sal) a los espíritus (yakairiti) con el fin de saciar su hambre durante la sequía. Esta tradición fue declarada Patrimonio cultural inmaterial de Brasil por la UNESCO en el año 2011. Sin embargo, la construcción de centrales hidroeléctricas como la de Dardanelos (en el río Aripuanã) está poniendo en riesgo la continuación de este patrimonio. La creación de sus tres presas (Juína, Faxinal I y Faxinal II) supuso la reubicación de poblaciones indígenas al verse afectadas sus tierras. Además, uno de sus sitios sagrados, usado como cementerio, acabó destruido. Por ello, el 25 de julio de 2010, 300 indígenas de 11 tribus distintas asaltaron una de las presas armados con cuchillos y arcos. Afortunadamente, la ocupación se resolvió sin heridos.

Pero las consecuencias de este problema también han tomado un matiz de crónica negra. El 21 de junio de 2016 apareció el cadáver de una mujer en el lago artificial creado por la presa Jirau. Tenía pies y manos atados y le habían colocado piedras. Se trataba de Nilce de Souza Magalhães, conocida como Nicinha y líder del Movimento dos Atingidos por Barragens en la región. Este movimiento lucha por los derechos de las personas desplazadas por la construcción de presas como la de Jirau.

Como si de un gigantesco árbol se tratase, el Amazonas languidece al ser privado de su savia. Especies, ecosistemas y sociedades se apagan cuando son frenadas las aguas que las forjaron.

Referencias:

Bosques de inundación amazónicos. Michael Goulding. Temas 35 2004 Investigación y Ciencia.

Descubierta una nueva especie de delfín de río en Brasil 2014.

Hydroelectric Dams Drastically Reduce Biodiversity.

Dam building binge in Amazon will shred ecosystems, scientists warn.

500 presas amenazan con ahogar el Amazonas

Impact of Humans on the Flux of Terrestrial Sediment to the Global Coastal Ocean

Environmental Justice Atlas

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