Jaque al rey de la selva

Una fotografía del fotógrafo Brent Stirton publicada en National Geographic ilustra de manera rotunda la relación entre Homo sapiens y otros depredadores. La imagen muestra a un ciudadano de Tanzania sin los dos brazos y siendo ayudado para bañarse en un río. Un león había sido la causa de su desgracia. La relación de los grandes depredadores con nuestra especie siempre ha sido complicada. Algo totalmente lógico si tenemos en cuenta que competían con nosotros o incluso nos daban caza. Así que a lo largo de la historia las bestias con colmillos y zarpas han sido perseguidas y demonizadas.

Hace unos 10.000 años, el león (Panthera leo) era el segundo gran mamífero con mayor área de distribución por detrás de nuestra especie. Su reino se extendía por gran parte de África, Eurasia (desde el oeste de Europa a la India) e incluso llegaba a América. Pero los cambios acontecidos tras el final de la glaciación y la competencia con el ser humano lo han llevado al borde de la extinción.

Actualmente los males que azota a esta especie son muy variados y conocidos: fragmentación del hábitat, conflicto con ganaderos, caza ilegal, etc. Todo ello les ha llevado vivir en “pequeñas parcelas”, habiendo desaparecido del 80 % de su territorio histórico desde 1750. Estas parcelas en muchos casos no permiten grandes poblaciones, con la consecuente crisis genética que ello conlleva. Si no hay diversidad genética se acabó el juego, así son las reglas de la naturaleza.

Según los estudios moleculares y taxonómicos, se reconocen seis subespecies actuales de leones aunque se discute su naturaleza. La más abundante sería P.l. nubica, que habita los parques del Serengeti y Masái Mara. Una séptima subespecie sería el león del Atlas, que vivía al norte de África y que desapareció debido a su excesiva cacería.

Subespecie

Nombre común

Hábitat

P.l. azandica León del Congo Noreste de la República Democrática del Congo
P.l. bleyenberghi León de Katanga Sur de la República Democrática del Congo, Zambia y Angola
P.l. krugeri León de Transvaal Noroeste, norte y sureste de Sudáfrica
P.l. nubica León Massai Se extiende desde el sureste de Sudán, sur de Etiopía y Somalia al norte de Zimbawe y Mozambique
P. l. persica León asiático, persa o indio Sólo se encuentra en el Bosque de Gir (India)
P. l. senegalensis León de África occidental Desde África occidental hasta la República Centroafricana

 

Machos de Panthera leo nubica

El mismo destino que las poblaciones del Atlas podrían sufrir las asiáticas y las que viven en África occidental. A principios del siglo XIX el número de leones asiáticos rondaba los 50 individuos en el bosque de Gir en la India. Tras la protección de la subespecie, se ha conseguido que el número suba a unos escasos 411 individuos según un censo de 2010.

El caso de las poblaciones del África Occidental es más alarmante. Según un estudio de enero de 2014 sólo quedaban 250 individuos en cuatro poblaciones aisladas entre sí. Se encuentran en 5 países: Senegal, Nigeria y una región transfronteriza entre Benin, Níger y Burkina Faso. Si sumamos las superficies, esta subespecie sobrevive en menos de 50.000 km2, es decir, menos que la mitad del estado de Nueva York. Los estudios moleculares demostraron que estos leones estaban emparentados con los del Atlas y los asiáticos. Si desaparecen estas poblaciones se perderá todo un linaje. Por ello aparece clasificada como en peligro de extinción en la Lista Roja de Especies Amenazadas.

Sin embargo, al resto de leones de África se los clasifica como vulnerable. Lo que no significa que les vaya muy bien. Según la organización Panthera, destinada a la conservación de los grandes felinos más amenazados, quedarían menos de 30.000 leones salvajes en todo el mundo. Estarían presentes en 28 países de África y en la India. Y sólo siete países (Botswana, Etiopía, Kenia, Sudáfrica, Tanzania, Zambia y Zimbabue) cuentan con más de mil individuos.

Ejemplar de Panthera leo leo fotografiado en las montañas del Atlas durante un reconocimiento aéreo en 1925. En 1992 el último fue abatido en Marruecos.

Como hemos comentado, una de las principales causas de su declive es el conflicto con los ganaderos. La caza ilegal de presas potenciales del león ha desembocado en una escasez de las mismas. Por ello los leones se ven forzados a cazar ganado, lo que hace que sean perseguidos hasta la muerte. Sólo en Kenia mueren a manos de las personas 100 leones al año. Los expertos creen que para 2030 no quedarán leones salvajes en el país. Por ello, Panthera junto con Living With Lions han creado el Lion Guardian Program durante el cual se reclutan a jóvenes guerreros masáis. Ellos son las encargados de informar sobre la gestión del ganado y enseñar a las personas a convivir con los leones.

Pero aún hay esperanza para la especie. La población es cada vez más consciente de que los leones valen más vivos que muertos. Por ejemplo, Kenia fue el primero en poner en marcha el concepto de “safaris fotográficos”. En 1977 prohibió la cacería y los lugareños que se dedicaban a ella fueron contratados como guardas forestales. En el año 1988 este tipo de turismo se convirtió en la principal fuente de ingresos del país. Según un estudio realizado en el Parque Nacional Amboseli, se calculaba que el valor turístico de un sólo león rondaba los 27.000 $ y a lo largo de su vida llegaba a generar unas ganancias de 515.000 $.

Durante el año 2012 unos 7.000 leones se encontraban bajo la protección del turismo. Es decir, en parques donde este tipo de actividad generan beneficios que se invierten en su conservación. Su potencial atractivo frente a la opinión pública puede también convertirla en una especie paraguas. Sería la clave para la conservación de otras especies de fauna y flora.

Sin embargo, esta solución no es idílica. Podría parecer que el binomio turismo/conservación es la única vía que nos queda, pero estaríamos siendo incautos. ¿Qué pasaría si la protección de las especies fuese turismo-dependiente? La conservación puede nutrirse de los ingresos del turismo, pero no debe depender de una actividad que se rige según las leyes de la oferta y la demanda.

¿La solución? Es bastante compleja y en cada país y región requiere distintos enfoques. No se trata de conservar a toda costa ni de erradicar una alimaña. El papel de los leones en los ecosistemas es más que fundamental, pero no debemos olvidar que también hay vidas humanas implicadas. Ver con las lentes de todos los personajes de esta historia es lo único que nos permitirá encontrar el camino.

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