Homo sapiens, una fuerza transformadora de la Biosfera

Ciudad

Nuestras ciudades y pueblos ocupan aproximadamente el 7 % de la tierra sin hielo.

Nuestro éxito como especie nos ha llevado a lo más alto de la cadena trófica, lo que ha permitido que la población humana no deje de crecer. Los sucesivos avances de la humanidad (domesticación, obtención de energía, medicina, etc) han sido los catalizadores del crecimiento de la biomasa humana. En la actualidad, los efectos de las distintas sociedades que pueblan el planeta sobre la biosfera son hechos innegables. Tanto es así, que se puede decir que apenas queda región en la Tierra sin afectar por nuestro hambre.

La población humana actual ha superado los 7 mil millones de habitantes. ¿Cómo se alimentan las necesidades de todas las sociedades que conforman? Veamos algunos datos globales para intentar conseguir una instantánea. Alrededor del 80-90 % de las calorías que consumen los humanos provienen de forma directa o indirecta de tres cultivos: trigo, arroz y maíz. El 70 % del agua dulce disponible en el mundo se utiliza para la agricultura y la ganadería. La producción de los alimentos implica que necesitamos suelos que explotar y aguas que canalizar. Lo que nos lleva a tres males que están arañando la cáscara de la Tierra: deforestación, erosión y sequía.

Y estos tres problemas aumentarán en el futuro. Para el año 2050, los científicos calculan que la población humana superará los 9 mil millones de personas. Según la ONU, en 2100 habrá más de 11 mil millones, siendo África la que más crecerá. Este continente podría pasar de mil millones de personas actuales a 3 o 5 mil millones.

Si estudiamos desde la ecología las sociedades humanas, descubrimos que presentan patrones ecológicos que se pueden medir y estudiar. A escala mundial, se calcula que la biomasa antropogénica ocupa tres cuartas partes de la tierra libre de hielo. Ello implica que más del 75% de la tierra libre de hielo muestra algún tipo de alteración por la especie humana, ya bien sea para construir una casa o para cualquier tipo de uso del suelo. Nuestras ciudades y pueblos ocupan aproximadamente el 7 % de la tierra sin hielo. Toda esta biomasa absorbe o incorpora casi el 90 % de la producción primaria neta terrestre. Llegados a este punto, se puede decir que actualmente existen más ecosistemas dominados por Homo sapiens (zonas forestales, pastizales, campos de cultivo, núcleos urbanos y ciudades) que aquellos que podemos considerar salvajes o vírgenes.

En palabras de los autores del artículo Putting people in the map: anthropogenic biomes of the world publicado en Front Ecol Environ: “Clearly, Homo sapiens has emerged as a force of nature rivaling climatic and geologic forces in shaping the terrestrial biosphere and its processes.

Pesca de arrastre

La pesca de arrastre es un potente transformador de los suelos marinos.

Los datos anteriores nos hablan de la tierra libre de hielo, pero el suelo situado bajo el mar también está siendo modificado por nuestra especie. Según el Informe del Estado de la Naturaleza en la Unión Europea, publicado por la Comisión Europea en 2015, el mar Báltico presenta un 86% de sus hábitats en estado desfavorable. En las costas atlánticas europeas el porcentaje baja a un 71%, mientras que el mar Mediterráneo un 62 % de sus hábitats está en un estado de conservación desfavorable. Uno de los principales responsables de esta degradación es la pesca de arrastre. No es de extrañar, ya que esta técnica consiste en arrastrar una red que barre el fondo marino.

¿Hasta qué punto la pesca de arrastre está arañando los fondos marinos? Un estudio encabezado por Pere Puig, del Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona (CSIC), encontró que el lecho marino comprendido entre los 200 y 900 m de profundidad podía quedar muy cambiado tras 40 años de arrastre. Los científicos se centraron en el cañón submarino Palamós, en la costa catalana. Por regla general, los taludes continentales y cañones submarinos presentan pendientes elevadas. Sin embargo, tras años de pesca de arrastre, el relieve del fondo marino se ha suavizado, ya que este estilo de pesca remueve los sedimentos y provoca avalanchas de fango.

Además la pesca de arrastre en esa zona ha eliminado hasta la mitad la materia orgánica que durante años se depositaba en sus suelos. Esto ha tenido un efecto sobre la meiofauna, que dependen de estos depósitos para alimentarse, cayendo la biodiversidad y poblaciones de estos invertebrados, que a su vez son una parte importante de la cadena trófica y los recursos pesqueros.

Estos estudios nos hablan de una nueva realidad que no debe pasar desapercibida. Nuestra presencia cambia las reglas por las que se regía la biosfera. Estamos cambiando la composición de especies en los ecosistemas, la producción de los mismos, la hidrología terrestre, los ciclos biogeoquímicos y el clima. No es algo que podemos obviar, ya que nuestros sistemas, las sociedades que conformamos, dependen de ellos.

Referencias:

In 2050 there will be 9 billion people on earth​. H​ow will we feed them?

Earth’s Population Will Reach 11 Billion by 2100, United Nations Experts Say.

Putting people in the map: anthropogenic biomes of the world.

El 62% de hábitats del Mediterráneo presenta un estado desfavorable.

La pesca de arrastre modifica el relieve de los fondos marinos.

La pesca de arrastre desertiza los fondos marinos.

 

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